martes, 15 de septiembre de 2015

LA MAQUINILLA DEL TIEMPO

No. No me refiero al smart watch que llevas en la muñeca y te avisa de cuándo toca ir al baño (sacar el tema), sino a la que, hipotéticamente, debería permitirnos viajar por otras épocas. Ah! Si yo fuera capaz de algo así. Justo hoy, que salía la esquela de mi añorado James Last. Digo añorado porque admirado me parecería faltar a la verdad. Su música era positiva y sencilla, "easy listening". Vamos, la música que escuchas en el pasillo de lácteos o en el ascensor, pero que también  me acompañó en muchos viajes al cole a través de una cinta que estaba como soldada al casette.
"Registraría el logo de la manzana de Apple"
Volver a esa época que a veces odiaba, pero como un visitante del futuro, con todas las combinaciones de la lotería y unos cuantos inventos en la manga, sería una experiencia maravillosa. Lo primero que haría es registrar el logo de la manzana de Apple; luego convencería al Fary para que interpretara Billy Jean, el futuro gran éxito de Michael Jakson. Por último, me daría dos hostias bien dadas a ver si espabilaba de una vez. Pero seamos realistas, eso es algo que no se conseguirá hasta dentro de, como mínimo, dos años; seis meses si entra en el proyecto Corea del Norte. Sin embargo, hay algo más accesible e igual de importante. Se trata de viajar al presente. Para muchos, conseguir algo así significaría darse cuenta de con quién están hablando, o encontrar papeleras para todo lo que tiran al suelo mientras pasean y que, al estar en otro plano temporal, no son capaces de percibir. Son legión quienes transitan por el mundo ignorando las necesidades del prójimo. En fin, lograrlo representaría un gran paso para sincronizar a esa parte de la humanidad con el resto. La ciencia lo llama alteración diacrónica, pero popularmente se conoce como agilipollamiento.

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